Pocas localidades navarras concentran tanto arte por metro cuadrado como Estella-Lizarra, a orillas del río Ega. Fundada a finales del siglo XI al calor del Camino de Santiago, llegó a ser llamada «la Toledo del norte» por su riqueza monumental y su mezcla de culturas, y los peregrinos medievales la describían como ciudad «de pan bueno y óptimo vino». Hoy sigue siendo la escapada perfecta para un fin de semana de piedra dorada, pinchos y paseos junto al río.
Un museo románico al aire libre
Empieza por la calle de la Rúa, el viejo eje jacobeo, donde se alza el Palacio de los Reyes de Navarra, una rareza absoluta: uno de los poquísimos edificios civiles románicos que se conservan en España. Fíjate en el capitel que representa el combate entre Roldán y el gigante Ferragut, una escena de cantar de gesta esculpida hace más de ocho siglos. Justo enfrente, una escalinata sube a San Pedro de la Rúa, con su portada de arcos lobulados de aire hispanomusulmán y un claustro delicioso al que le falta un ala (voló, literalmente, cuando demolieron el castillo vecino). Cruza después el puente picudo de la Cárcel para llegar a la judería y a la iglesia de San Miguel, cuya portada norte es uno de los conjuntos escultóricos más finos del románico tardío navarro.
Qué hacer además de ver iglesias
- Perderte por la plaza de los Fueros y las calles Mayor y Baja Navarra, llenas de comercio de toda la vida.
- Subir a la basílica del Puy, moderna por fuera y con la Virgen titular por dentro, para llevarte la mejor panorámica de los tejados de la ciudad.
- Callejear un jueves por la mañana: el mercado semanal se celebra desde la Edad Media y sigue llenando la ciudad de huerta navarra.
- Recorrer el paseo fluvial del Ega, muy agradable al caer la tarde.
La fuente de la que mana vino
A un paseo de Estella, en el vecino Ayegui, te espera el monasterio de Irache y su célebre Fuente del Vino, donde una bodega ofrece a los peregrinos un trago gratuito para afrontar la etapa. Es uno de esos momentos únicos del Camino, tanto si caminas como si vas de visita. Los más andarines pueden continuar por las faldas de Montejurra, la montaña emblema de la comarca, con senderos bien marcados entre encinas y viñas; para la subida agradecerás unas botas de montaña con buena suela, porque hay tramos pedregosos.
Dónde comer: pinchos y cuchara
Estella es plaza fuerte del pincho: a mediodía las barras del centro se llenan de torreznos, fritos y pequeñas delicias de temporada. En los menús mandan la verdura de la ribera del Ega, el gorrín asado y los guisos de caza en otoño, todo bien regado con tintos y rosados navarros. De postre, pregunta por los dulces tradicionales de las confiterías del centro: aquí el hojaldre es religión.
Cuándo ir y consejos prácticos
La ciudad luce todo el año, aunque el momento más especial es la Semana Medieval, que cada verano devuelve a las calles mercados, música y recreaciones históricas; sus fiestas patronales arrancan el primer viernes de agosto. En cualquier caso, el valle del Ega es fresco y húmedo a primera y última hora, así que incluso en septiembre conviene meter en la maleta un forro polar ligero para las mañanas. Llegar es sencillo por la A-12, a medio camino entre Pamplona y Logroño, con autobuses frecuentes desde ambas capitales.
Estella-Lizarra es de esos sitios que se visitan por sus monumentos y se recuerdan por su ambiente. Ven a comprobarlo un fin de semana: te volverás con el móvil lleno de piedra románica y el corazón un poco navarro.
Foto: Mattana · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons