A los pies de la Sierra Alhamilla, con el desierto a un lado y el mar al otro, Níjar es el pueblo que da nombre al Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, el rincón más salvaje del litoral almeriense. Sus calles blancas, sus talleres de alfarería y sus playas vírgenes lo convierten en una escapada redonda: cultura por la mañana y chapuzón por la tarde.
Un paseo por el barrio alfarero
Níjar es, ante todo, un pueblo de artesanos. Desde hace siglos sus alfares producen una cerámica de colores vivos —verdes, azules y ocres— que hoy sigue saliendo de los tornos del barrio alfarero, en torno a la calle Las Eras. Entra en los talleres, observa cómo trabajan el barro y llévate un plato o un botijo: es el recuerdo más auténtico que puedes traerte de esta escapada. La otra gran artesanía local es la jarapa, una alfombra tejida con tiras de tela reciclada que encontrarás colgando de las puertas de media villa.
El casco antiguo se recorre en una mañana tranquila: sube por la calle Carretera hasta la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, del siglo XVI, con un precioso artesonado mudéjar, y sigue callejeando cuesta arriba hasta el mirador de la Atalaya, desde donde la vista abarca el valle, los invernaderos y, al fondo, la sierra del Cabo de Gata.
Las playas del parque natural
El término municipal de Níjar esconde algunas de las mejores playas de España, casi todas sin un solo edificio a la vista:
- Playa de los Genoveses: una bahía amplia entre dunas y pitas, de arena dorada y aguas tranquilas.
- Playa de Mónsul: famosa por su enorme duna y sus rocas volcánicas, escenario de más de una película.
- Cala de San Pedro o las calas de Agua Amarga: para quienes buscan rincones aún más solitarios, a los que se llega andando.
En verano el acceso a Genoveses y Mónsul se regula y conviene madrugar. Ten en cuenta que aquí apenas hay sombra ni chiringuitos: lleva agua, un buen sombrero de playa plegable y crema solar resistente al agua, porque el sol de Almería no perdona ni en octubre. Para las calas de fondo rocoso, unos escarpines te salvarán los pies.
El eco de Lorca en el Cortijo del Fraile
Entre Níjar y Rodalquilar resiste en pie el Cortijo del Fraile, escenario del suceso real conocido como el «crimen de Níjar», que inspiró a Federico García Lorca su obra Bodas de sangre. La ruta hasta el cortijo, entre paisajes casi desérticos, es una de las excursiones más evocadoras del parque, y puedes completarla con una visita al antiguo poblado minero de Rodalquilar y sus minas de oro.
Dónde comer: gurullos y tomates con nombre propio
La cocina nijareña es humilde y sabrosísima. Pide gurullos con conejo —una pasta artesanal en forma de granito de arroz—, la contundente olla de trigo en invierno o un simple plato de tomate de Níjar aliñado, un producto de la huerta local famoso en toda España. De postre, dulces de almendra y miel de herencia morisca.
Cuándo ir y cómo moverse
La primavera y el otoño son las estaciones perfectas: temperaturas suaves, playas medio vacías y luz de sobra. En verano el pueblo se anima, pero el calor aprieta. Níjar está a poco más de media hora en coche de Almería capital por la autovía A-7, y necesitarás vehículo para saltar del casco urbano a las playas y aldeas del parque, como San José, Las Negras o Agua Amarga. Si te sobra un día, la vecina Mojácar, de la que ya te hemos hablado, completa de maravilla la ruta almeriense.
Blanca, artesana y asomada al mar más limpio del sureste, Níjar demuestra que Almería es mucho más que playa. Ven con las manos vacías: volverás con cerámica, jarapas y ganas de repetir.
Foto: Schumi4ever · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons