Hay un rincón del Maestrazgo turolense donde el siglo XXI pide permiso para entrar. Mirambel, con apenas un centenar de vecinos, conserva íntegro su recinto amurallado medieval, y pasear entre sus portales al caer la tarde, cuando no suena más que el viento, es una experiencia que ningún gran monumento puede regalarte.
Un recinto amurallado de libro
La muralla de Mirambel no es una ruina romántica: está entera, con sus torreones y sus cinco portales en uso, y el pueblo vive dentro como ha vivido siempre. La joya es el portal de las Monjas, adosado al convento de las Agustinas, coronado por unas celosías de yeso caladas que son únicas en Aragón: tras ellas las monjas podían mirar la calle sin ser vistas. Es una de las imágenes más fotografiadas del Maestrazgo, y con razón.
Este esmero en conservar el conjunto le valió al pueblo, ya en los años ochenta, un premio Europa Nostra a la restauración, y hoy Mirambel figura entre los pueblos más bonitos de España sin que la fama le haya cambiado el carácter.
Paseo por dentro de las murallas
Intramuros, todo queda a unos pasos:
- La calle Mayor, flanqueada por casas solariegas de piedra con escudos y aleros tallados.
- La casa consistorial, del siglo XVI, con su lonja de arcos a la manera aragonesa.
- La iglesia de Santa Margarita y el convento de las Agustinas, corazón espiritual de la villa.
- Los portales (las Monjas, San Roque, el Estudio…), que enmarcan el paisaje como cuadros.
No hay grandes museos ni colas: el monumento es el pueblo entero.
Tierra de carlistas y de novelas
Que tanta piedra intacta no te engañe: Mirambel fue escenario de historia turbulenta. Durante las guerras carlistas del siglo XIX, el Maestrazgo fue feudo del general Cabrera, el temido Tigre del Maestrazgo, y estas calles vivieron cuarteles, asedios y conspiraciones. Pío Baroja ambientó aquí su novela La venta de Mirambel, y muchos años después Ken Loach rodó en el pueblo buena parte de Tierra y libertad, aprovechando que apenas hacía falta atrezo para viajar al pasado.
El Maestrazgo a tu alrededor
Mirambel es base perfecta para explorar una de las comarcas más despobladas y hermosas de España: barrancos calizos, masías de piedra seca, buitres planeando y carreteras sin apenas coches. Hay senderos señalizados que salen del propio pueblo entre muros de piedra y campos de labor; para las cuestas del Maestrazgo, unos bastones de trekking alivian rodillas en los barrancos. Y no te acuestes pronto: estos cielos, lejos de toda contaminación lumínica, son de los más estrellados de la Península, así que sal a las eras a ver la Vía Láctea con un frontal led para el camino de vuelta.
Consejos para la visita
Llega sin prisa: la gracia de Mirambel es quedarse a dormir y tener el pueblo para ti cuando se van los visitantes de paso. La primavera y el comienzo del otoño son ideales; el invierno es duro pero de una belleza austera, con la piedra escarchada al amanecer. En la mesa, pide ternasco, embutidos serranos y queso de la comarca. Y combina la visita con los pueblos vecinos del Maestrazgo, a un paso por carreteras de curvas y paisajes que quitan el hipo.
Si buscas un lugar donde el silencio todavía sea patrimonio, Mirambel te está esperando detrás de sus murallas. Ven antes de que corra la voz.
Foto: Juan Emilio Prades Bel · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons