Pocas ciudades golpean los sentidos como Katmandú: campanas, incienso, cláxones, banderas de oración al viento y ojos de Buda que te miran desde lo alto de las estupas. La capital de Nepal es caótica, sí, pero de un caos que engancha. Y su valle, salpicado de ciudades reales medievales, es un museo vivo declarado Patrimonio de la Humanidad.
El corazón histórico: la plaza Durbar
La plaza Durbar de Katmandú fue el escenario de coronaciones de los antiguos reyes y sigue siendo un hervidero de vida entre pagodas de madera tallada, patios y santuarios. Aquí se asoma la Kumari, la niña considerada diosa viviente, desde su palacio de celosías. Aunque el terremoto de hace unos años dañó varios templos, la restauración ha devuelto el esplendor a buena parte del conjunto.
Swayambhunath y Boudhanath: los ojos de Buda
Sobre una colina al oeste de la ciudad se alza Swayambhunath, el «templo de los monos», al que se sube por una escalinata empinada custodiada por macacos. Arriba, la estupa blanca con los ojos pintados de Buda regala una de las mejores vistas del valle.
Al otro lado de la ciudad, la estupa de Boudhanath es una de las más grandes del mundo y el centro del budismo tibetano en Nepal. Al atardecer, cientos de devotos la rodean caminando en el sentido de las agujas del reloj, haciendo girar los molinos de oración. Súmate a la kora, siéntete parte del rito y déjate llevar por el murmullo de los mantras.
Pashupatinath, Patan y Bhaktapur
- Pashupatinath: el gran templo hinduista dedicado a Shiva, a orillas del río Bagmati, donde se celebran las cremaciones. Se visita desde la orilla opuesta, con respeto y discreción.
- Patan: al sur del río, su plaza Durbar es quizá la más armoniosa del valle, con el Templo Dorado y un museo excelente sobre arte newar.
- Bhaktapur: la ciudad medieval mejor conservada de Nepal, de calles de ladrillo sin apenas tráfico, famosa por su cerámica secada al sol y por el juju dhau, el «yogur de los reyes» servido en cuencos de barro.
Thamel y la comida nepalí
El barrio de Thamel es la base de operaciones de los viajeros: librerías, tiendas de material de montaña, agencias de trekking y restaurantes de todo el mundo. Si desde aquí piensas encadenar alguna caminata por el Himalaya, es buen sitio para completar equipo, aunque una mochila de trekking cómoda y ya probada en casa siempre será mejor compañera que una comprada a última hora. En cualquier comedor local pide unos momos (empanadillas al vapor) y un dal bhat, el plato nacional de arroz, lentejas y verduras que aquí repiten hasta los porteadores: «dal bhat power, 24 hour», dicen entre risas.
Consejos prácticos para el valle
- El agua del grifo no es potable en todo Nepal; una botella filtrante te dará independencia y ahorrará decenas de botellas de plástico.
- En muchas guesthouses sencillas la ropa de cama es básica: un saco sábana ligero ocupa poco y añade higiene y calor.
- La mejor época va de octubre a noviembre, con cielos limpios tras el monzón, y de marzo a abril, cuando florecen los rododendros.
- Los principales conjuntos monumentales cobran entrada a los extranjeros; el dinero ayuda a mantener el patrimonio.
Katmandú no es una ciudad para ver, sino para vivir: piérdete por sus callejones, sigue el olor a incienso y deja que el valle te cuente mil años de historia. Nepal empieza aquí.