Pablo Picasso lo dejó dicho: «Todo lo que sé lo he aprendido en Horta». El genio malagueño pasó aquí dos temporadas decisivas, y no cuesta entender por qué este pueblo de la Terra Alta, en el interior de la provincia de Tarragona, se le quedó grabado para siempre. Horta de Sant Joan es un promontorio de casas de piedra frente a la mole rocosa de las montañas de Els Ports, un paisaje que parece esculpido a propósito para el arte.
Tras los pasos de Picasso
Picasso llegó por primera vez a finales del siglo XIX, invitado por su amigo y compañero de estudios Manuel Pallarès, para reponerse de una enfermedad; volvió una década después, en plena gestación del cubismo, y las formas geométricas del pueblo y de la montaña de Santa Bàrbara se colaron en sus lienzos. El Centre Picasso, instalado en el antiguo hospital renacentista, repasa con reproducciones toda la obra que el artista creó aquí y es la mejor puerta de entrada a esta historia.
Un casco antiguo renacentista
El corazón de Horta es puro placer para caminar: callejones empedrados que suben y bajan, portales góticos y la elegante plaza porticada de la iglesia, presidida por el ayuntamiento renacentista y el templo de Sant Joan Baptista. Piérdete sin mapa y busca los miradores que se abren entre las casas, con los olivares y Els Ports de telón de fondo: cada esquina es un cuadro, y nunca mejor dicho, así que una cámara compacta es casi obligatoria en esta escapada.
Santa Bàrbara y el convento de Sant Salvador
La montaña cónica de Santa Bàrbara, símbolo del pueblo, pide excursión. A sus pies, a media hora andando desde Horta, aguarda el antiguo convento de Sant Salvador, un conjunto medieval y renacentista cargado de leyendas; desde allí, un sendero empinado corona la cima, con una panorámica redonda de la Terra Alta que justifica cada gota de sudor. Para esta y otras rutas conviene un buen calzado de trekking, porque el terreno es pedregoso.
Els Ports: roca, agua y buitres
Horta es una de las entradas naturales al parque natural de Els Ports, un laberinto de crestas calizas, pinares y barrancos donde vuelan los buitres leonados y campan las cabras hispánicas. Dos clásicos que no fallan:
- Las Roques de Benet, tres torreones de roca visibles desde media comarca, con una subida exigente pero asequible y vistas espectaculares.
- La zona de La Franqueta, junto al río Canaletes, con área recreativa, antiguas fábricas de papel y pozas de agua cristalina para el verano; una toalla de microfibra en la mochila y chapuzón asegurado tras la caminata.
Aceite, vino y buena mesa
La Terra Alta es tierra de aceite de oliva de olivos centenarios y de vinos con denominación de origen propia, con la garnacha blanca como bandera. En el pueblo encontrarás cocina de interior: platos de caza, embutidos, clotxa (el pan relleno típico de estas comarcas) y dulces conventuales. Compra una botella y una lata de aceite antes de irte: es el mejor recuerdo posible.
Cómo llegar y cuándo ir
Horta queda lejos de todo, y esa es parte de su magia: unas dos horas en coche desde Barcelona y algo menos desde Tarragona, por carreteras que ya son paisaje. La primavera y el otoño son ideales para caminar; el verano invita a las pozas y el invierno regala una luz limpia sobre Els Ports. Ven con calma, que Horta no se visita: se saborea, como bien aprendió Picasso.
Foto: Hans Hillewaert · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons