Hay ciudades que parecen guardadas en secreto por sus propios vecinos, y Gante es una de ellas. A menos de media hora en tren de la capital belga, esta antigua potencia comercial flamenca combina canales medievales, un castillo con foso de los de verdad y una vida universitaria que le quita cualquier aire de museo. Te proponemos un fin de semana para descubrirla con calma.
Un casco histórico que se recorre a pie
El corazón de Gante se concentra en un puñado de calles peatonales donde cada esquina parece un decorado. Empieza en la torre del campanario, el Belfort, declarado Patrimonio de la Humanidad, y sigue hacia la catedral de San Bavón y la iglesia de San Nicolás: tres torres alineadas que dibujan el perfil más famoso de la ciudad. Muy cerca te espera el castillo de los Condes de Flandes, una fortaleza del siglo XII con murallas, foso y vistas estupendas desde el adarve.
El cielo flamenco es caprichoso y puede regalarte sol y chaparrón en la misma hora, así que llevar un paraguas plegable en el bolso te ahorrará más de una carrera bajo la lluvia.
El Cordero Místico, la obra que cambió la pintura
Dentro de la catedral de San Bavón se guarda uno de los tesoros del arte europeo: La adoración del Cordero Místico, el políptico de los hermanos Van Eyck. Robado, mutilado y restaurado a lo largo de los siglos, su historia es casi tan fascinante como sus colores. Reserva un rato para contemplarlo sin prisa; es de esas obras que justifican el viaje por sí solas.
Graslei y Korenlei: el atardecer junto al canal
Los antiguos muelles del Graslei y el Korenlei, flanqueados por casas gremiales de fachadas escalonadas, son el lugar donde toda la ciudad se sienta a ver caer la tarde. Puedes hacer lo mismo con una cerveza local en la mano o subirte a uno de los barcos que recorren los canales. La luz dorada sobre el agua es una tentación constante, y una cámara compacta que quepa en el bolsillo te permitirá capturarla sin cargar peso todo el día.
Qué comer en Gante
La cocina flamenca es contundente y sabrosa, perfecta para el clima del norte:
- Waterzooi: el guiso cremoso de pollo o pescado nacido precisamente en Gante.
- Carbonada flamenca: ternera estofada en cerveza oscura, el plato de cuchara por excelencia.
- Cuberdones: los conos de gominola violeta que verás en los puestos callejeros.
- Y, por supuesto, patatas fritas dobles y una carta de cervezas que quita el hipo.
Consejos prácticos
Gante se disfruta andando y en tranvía, y muchos museos y monumentos se concentran en un radio pequeño, así que dos días dan para mucho. Entre mapas, fotos y traducciones el móvil trabaja sin descanso: una batería externa ligera evitará que te quedes sin GPS a media tarde. Si puedes, quédate a dormir en el centro: cuando los visitantes de un día se marchan, los canales iluminados se quedan casi para ti.
Gante tiene el encanto de las grandes ciudades flamencas sin sus aglomeraciones. Ven, piérdete entre canales y vuelve a casa preguntándote por qué no habías venido antes.