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Un fin de semana en Requena: cuevas, vino y embutido

Vista del barrio medieval de la Villa de Requena, con la Torre del Homenaje y los tejados del casco antiguo

A unos setenta kilómetros de Valencia, en la meseta que anuncia ya tierras castellanas, Requena presume de tener uno de los conjuntos medievales más sorprendentes de la comunidad y de ser la gran capital del vino valenciano. Aquí se viene a callejear, a bajar bajo tierra y, sobre todo, a comer y beber de maravilla.

El barrio de la Villa, un viaje al medievo

Toda visita empieza en La Villa, el barrio histórico encaramado sobre un cerro y protegido por murallas. Cruza el portal y déjate llevar por sus callejas de trazado árabe hasta la plaza de Albornoz, corazón del conjunto. No te pierdas:

  • La Torre del Homenaje, resto de la antigua fortaleza, que domina la entrada del barrio.
  • Las iglesias de Santa María y El Salvador, con sus espectaculares portadas góticas labradas como un encaje de piedra.
  • Las casonas señoriales con escudos que recuerdan el pasado próspero de la villa, enriquecida durante siglos por la seda y el vino.

Las cuevas de la Villa

Lo más singular de Requena está bajo tus pies. El subsuelo del barrio antiguo es un queso de gruyer: decenas de cuevas excavadas en la roca que sirvieron como silos, bodegas y refugio a lo largo de los siglos. Una parte se visita en recorrido guiado desde la plaza de Albornoz, entre tinajas, nichos y pasadizos que ponen los pelos de punta. La temperatura ahí abajo es fresca todo el año, así que no está de más llevar algo de manga larga incluso en pleno agosto.

Capital del bobal: vino y bodegas

Requena es el epicentro de la denominación de origen Utiel-Requena, la tierra de la uva bobal, una variedad autóctona que da tintos y rosados con carácter. En los alrededores hay numerosas bodegas que se pueden visitar con cata incluida, muchas de ellas en cuevas y construcciones tradicionales. A finales de agosto el pueblo celebra su Fiesta de la Vendimia, considerada una de las más antiguas de España dedicadas al vino, y el ambiente es inmejorable.

El embutido, la otra religión local

Si el vino es la primera religión de Requena, el embutido es la segunda. Chorizos, morcillas, güeñas, perros y longanizas amparados por su propia indicación geográfica protagonizan la cocina local junto a platos recios como el ajoarriero, las gachas o el morteruelo. En febrero, la Feria del Embutido llena las calles de aromas a brasa. Cualquier fin de semana es bueno para sentarse a una mesa requenense y no dejar hueco al postre.

Consejos para la escapada

  1. Requena tiene estación de tren y también parada de alta velocidad en las afueras, además de buena conexión por autovía desde Valencia, por lo que es una escapada facilísima sin coche.
  2. El casco antiguo es todo cuestas y empedrado: mejor unas zapatillas de trekking cómodas que un calzado fino.
  3. En verano, la meseta requenense es un horno a mediodía y las terrazas invitan a alargar la sobremesa: un sombrero de paja plegable ocupa poco y salva la tarde.
  4. Reserva las visitas a cuevas y bodegas con antelación en fines de semana y puentes.

Entre callejones medievales, copas de bobal y tablas de embutido, Requena es la prueba de que no hace falta irse muy lejos de Valencia para cambiar por completo de paisaje y de ritmo. ¡Salud y buen provecho!

Foto: Carlesmari · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons