Hay pocos espectáculos naturales en España comparables al valle del Jerte cubierto de flor de cerezo, y el pueblo que le da nombre está justo en su corazón. Encajado entre las sierras que separan Cáceres de Ávila, Jerte es la base perfecta para vivir el valle en cualquier estación: blanco en primavera, verde y fresco en verano, cobrizo en la otoñada.
El milagro de los cerezos en flor
Cada primavera, durante unos pocos días, más de un millón de cerezos tiñen de blanco las laderas del valle en una floración declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Las fechas bailan según el año —suele rondar entre finales de marzo y primeros de abril—, así que conviene ser flexible con el calendario. Desde Jerte salen pistas y senderos que suben entre bancales de cerezos, con miradores naturales a cada revuelta; madruga para esquivar a las multitudes y tendrás la nube blanca casi en exclusiva. Es, probablemente, el viaje en el que más agradecerás llevar una buena cámara de fotos para paisajes.
¿No llegas a la floración? Tranquilo: en junio y julio el valle se llena de cuadrillas recogiendo cerezas y picotas, y en noviembre la otoñada pinta los cerezos de rojo y oro. El valle nunca decepciona.
La Garganta de los Infiernos y Los Pilones
Justo sobre el pueblo se extiende la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, un paraíso de agua granito y bosque. Su ruta estrella sale del centro de interpretación, junto a Jerte, y sube hasta Los Pilones, un rosario de pozas y marmitas gigantes excavadas por el río en la roca lisa: uno de los rincones más fotografiados de Extremadura y, en verano, una piscina natural de agua helada y cristalina donde el chapuzón es casi obligatorio.
Para la excursión, toma nota:
- El camino es pedregoso y con buen desnivel en tramos, así que unas zapatillas de trekking con buen agarre te ahorrarán sustos sobre el granito pulido.
- Lleva agua y avituallamiento en una mochila ligera de trekking: en la reserva no hay servicios.
- En verano, madruga: las pozas se llenan y el sol del mediodía aprieta.
El pueblo de Jerte, con calma
De vuelta de la ruta, dedica un rato a pasear Jerte: su puente de piedra sobre el río, sus calles con casas de entramado de madera y balcones floridos, y sus tiendas de productos del valle. Aquí manda la cereza picota, protegida por denominación de origen, que en temporada se compra recién cogida y el resto del año se disfruta en mermeladas, licores y el famoso aguardiente de cereza del valle. Completa la mesa con truchas, cabrito y sopas de tomate: cocina de montaña honrada y sabrosa.
Cuándo ir y cómo llegar
Jerte se recorre por la N-110, la carretera que enhebra el valle entre Plasencia y el puerto de Tornavacas camino de Ávila: el propio trayecto ya es un mirador continuo. Cada estación tiene su premio —flor en primavera, cerezas y pozas en verano, otoñada en noviembre—, así que más que una época buena, hay cuatro escapadas distintas al mismo valle.
Ponle fecha a tu visita, sea con los cerezos en flor o con el valle en cobre: Jerte te va a pedir que vuelvas, y harás bien en hacerle caso.
Foto: Guillaume Capron https://www.flickr.com/photos/gcapron/ · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons