Dicen en La Gomera que Hermigua tiene el mejor clima del mundo, y aunque el dato sea más cariño que ciencia, algo hay: este valle del norte de la isla es un tapiz de bancales de plátanos que baja desde la laurisilva del Garajonay hasta un mar bravío. Verde arriba, verde abajo y, en medio, un rosario de caseríos encalados entre palmeras.
Un valle de bancales y dos barrios
Hermigua no es un pueblo compacto, sino un valle habitado: los barrios de El Convento y Valle Alto se reparten iglesias, plazas y casonas a lo largo de la carretera que serpentea entre plataneras. En El Convento te espera la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, un antiguo convento del siglo XVI con artesonado mudéjar, y muy cerca un museo etnográfico que explica la vida tradicional gomera: la seda, el gofio, la miel de palma y los bancales que domesticaron estas laderas. Levanta la vista y verás los roques gemelos de San Pedro, dos agujas volcánicas que presiden el valle y protagonizan mil leyendas locales.
El pescante y la playa de Santa Catalina
Junto al mar sobreviven los pilares del pescante de Hermigua, la estructura de hormigón desde la que a principios del siglo XX se embarcaban plátanos y pasajeros cuando la isla apenas tenía carreteras. Hoy es uno de los rincones más fotogénicos del norte gomero, con una piscina junto al antiguo embarcadero donde darse un chapuzón protegido del oleaje. La cercana playa de Santa Catalina, de arena negra, es espectacular pero de mar fuerte: báñate solo cuando esté en calma. Para moverte entre rocas volcánicas y charcos, unos escarpines te salvarán los pies de más de un susto.
El Cedro y la laurisilva del Garajonay
La joya senderista de Hermigua es el bosque de El Cedro, la mancha de laurisilva más famosa del Parque Nacional de Garajonay, Patrimonio de la Humanidad. La ruta que baja del caserío de El Cedro al valle sigue un barranco de helechos, laureles y troncos vestidos de musgo, con la niebla filtrándose entre las copas; en época de lluvias podrás ver el salto de agua de El Chorro. Los senderos son de tierra y piedra húmeda, así que aquí sí conviene un calzado de trail impermeable. Y no te fíes del sol del valle: en la cumbre el alisio sopla húmedo y fresco, y un cortavientos ligero plegado en la mochila marca la diferencia entre disfrutar la caminata o pasarla tiritando.
Sabores del valle
- Miel de palma: el sirope que se obtiene del guarapo de la palmera, perfecto sobre queso asado.
- Almogrote: la pasta gomera de queso curado, mojo y aceite, para untar sin freno.
- Plátanos del país: aquí crecen a pie de carretera; pocos lugares para comerlos más frescos.
Cómo llegar y consejos prácticos
Desde San Sebastián de La Gomera, adonde llegan los ferris desde Tenerife, la carretera del norte alcanza Hermigua en una media hora de curvas y túneles con vistas al Teide sobre el mar. Alquilar coche es casi imprescindible para moverse por la isla. Reserva al menos dos días: uno para el valle y la costa y otro para el Garajonay, y no te vayas sin escuchar hablar del silbo gomero, el lenguaje silbado que aquí sigue vivo y que la UNESCO protege.
Hermigua es La Gomera concentrada: bancales, bruma, océano y silencio. Si buscas una escapada donde el tiempo vaya a otra velocidad, este valle verde te está silbando.
Foto: Joseviejo1981 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons