Hay pueblos bonitos y luego está Chefchaouen. Encaramada a las laderas del Rif, en el norte de Marruecos, esta pequeña ciudad pinta de azul añil sus casas, sus escaleras y hasta sus macetas, y el resultado es un laberinto que parece salido de un sueño. Te proponemos una escapada para perderte sin prisa por la medina más fotogénica del país.
Por qué todo es azul
Nadie se pone de acuerdo del todo: unos dicen que el azul lo trajeron las comunidades judías que se refugiaron aquí, otros que espanta a los mosquitos y otros que simplemente refresca la vista en verano. Sea cual sea la razón, los vecinos repintan sus fachadas cada poco tiempo, así que el color siempre luce vivo. Descubrirás mil tonos distintos, del celeste pálido al añil profundo, cambiando según la luz del día.
Un paseo por la medina
La medina de Chefchaouen es pequeña y amable, sin el bullicio agobiante de otras ciudades marroquíes. Estos son los rincones que no deberías perderte:
- La plaza Uta el-Hammam, el corazón del pueblo, con la alcazaba de muros rojizos, la Gran Mezquita de minarete octogonal y terrazas donde tomar un té a la menta viendo pasar la vida.
- La kasbah y su jardín andalusí, con una torre desde la que se abarca todo el caserío azul y las montañas.
- Las callejuelas del barrio alto, donde están las escaleras y puertas más fotografiadas; madruga si quieres verlas sin gente.
- Ras el-Ma, el manantial a las afueras de la medina donde las mujeres siguen lavando la lana y los locales se reúnen al fresco.
La mezquita española y las vistas del atardecer
Al otro lado del río, un sendero corto y empinado sube hasta la mezquita Bouzafar, conocida como la mezquita española. La caminata apenas lleva media hora y el premio es la mejor panorámica de Chefchaouen, con el pueblo azul recortado contra el Rif. Ve al atardecer, cuando el sol tiñe las montañas de naranja, y llévate una crema solar facial en la mochila, porque a mediodía el sol de montaña pega fuerte incluso en primavera.
Compras y sabores del Rif
Chefchaouen es un buen sitio para comprar artesanía sin agobios: mantas de lana tejidas a mano, cestas, jabones y el famoso queso fresco de cabra de la región. En las carnicerías y puestos verás también especias y aceitunas de las montañas. Para comer, busca los pucheros de tajín de cordero con ciruelas o el pollo con limón encurtido, y remata con dulces de almendra. Un pañuelo multiusos te vendrá de perlas tanto para el polvo del camino como para cubrirte los hombros si visitas lugares de culto.
Cuándo ir y cómo llegar
La primavera y el otoño son las mejores épocas: temperaturas suaves, cielos limpios y el Rif verde. En verano hace calor de día, aunque las noches de montaña refrescan. Chefchaouen no tiene aeropuerto: lo habitual es volar a Tánger o Fez y seguir en autobús o taxi compartido, un trayecto de entre dos y cuatro horas por carreteras de montaña con vistas estupendas. Si te gusta preparar la ruta con calma, una guía de viaje de Marruecos te ayudará a combinar el pueblo azul con Tánger, Tetuán o las cascadas de Akchour, a menos de una hora.
Un consejo final
No vengas solo a por la foto. Chefchaouen se disfruta despacio: siéntate en una terraza, deja que te inviten a un té y piérdete sin mapa. Es de esos lugares que se te quedan grabados en azul.