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Český Krumlov, el cuento de hadas de Bohemia

Vista del casco antiguo de Český Krumlov con su castillo y el río Moldava

Hay pueblos bonitos y luego está Český Krumlov. Encajada en un doble meandro del río Moldava, esta pequeña ciudad del sur de Bohemia parece diseñada para ilustrar un libro de cuentos: castillo con torre pintada, tejados rojos apiñados, callejones empedrados y el río verde serpenteando entre todo ello. Patrimonio de la Humanidad desde hace décadas, es la escapada perfecta para quien busca la Chequia más evocadora.

El castillo y su torre de colores

El castillo de Český Krumlov es uno de los más grandes de Europa Central, toda una ciudad dentro de la ciudad que fue creciendo del gótico al barroco. Su torre cilíndrica, pintada en tonos rosas y verdes, es el faro que orienta cualquier paseo; sube a lo alto y tendrás el meandro del Moldava a tus pies, una de las vistas más fotogénicas del país. No te pierdas el paso por los patios renacentistas decorados con esgrafiados, el foso donde tradicionalmente viven osos y, sobre todo, el manto barroco: un puente cubierto de varios pisos que une el castillo con los jardines. En el recinto se conserva además un teatro barroco original con su maquinaria de época, una rareza mundial.

Perderse por el casco antiguo

El centro histórico se recorre en poco tiempo, pero está pensado para el callejeo lento: la plaza Svornosti con su columna de la peste, el barrio de Latrán al pie del castillo, pasajes que desembocan en el río donde menos te lo esperas. Los adoquines son irregulares y las cuestas, constantes, así que unas zapatillas cómodas para caminar marcan la diferencia entre disfrutar y sufrir. Los aficionados al arte tienen una cita en el centro dedicado a Egon Schiele, el pintor vienés cuya madre nació aquí y que retrató estas mismas calles.

El Moldava como protagonista

En los meses cálidos, el río se llena de canoas y barcas que descienden el Moldava entre risas y pequeños rápidos; verlos pasar desde una terraza es un espectáculo en sí mismo, y animarse a remar, un planazo. Otra opción es simplemente seguir el paseo fluvial en busca de rincones: cada puente y cada recodo regalan un encuadre nuevo. Si te gusta la fotografía, aquí una cámara de fotos compacta trabaja sin descanso, sobre todo al amanecer, cuando la niebla se levanta del río y no hay ni un alma.

Mesa bohemia

La cocina del sur de Bohemia es contundente y reconfortante: goulash con knedlíky (bollos de pan al vapor), svíčková (ternera en salsa cremosa de verduras), trucha de los estanques de la región y cerveza local elaborada en la propia ciudad desde hace siglos. En las tabernas de bóvedas medievales, con velas y madera oscura, la cena se convierte en un viaje en el tiempo.

Cuándo ir y consejos

  • Primavera y otoño: la ciudad luce preciosa y hay menos excursiones de un día.
  • Invierno: con nieve es pura magia, pero hace frío de verdad; un buen forro polar bajo el abrigo es tu mejor aliado.
  • Duerme una noche: la mayoría viene solo unas horas; al atardecer, la ciudad se queda para los que se quedan.
  • Cómo llegar: en autobús o tren desde Praga en unas tres horas, o por carretera recorriendo el sur de Bohemia.

Český Krumlov es pequeña, sí, pero se te quedará grande en la memoria. Ve, súbete a su torre de colores, cena bajo una bóveda gótica y duerme arrullado por el Moldava: los cuentos de hadas existen y tienen código postal checo.