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Calatañazor, el pueblo donde Almanzor perdió el tambor

Calle Real de Calatañazor con sus casas de adobe y entramado de madera y el castillo al fondo

Dice el refrán que «en Calatañazor perdió Almanzor el tambor», en recuerdo de la batalla del año 1002 que la tradición sitúa junto a esta villa soriana. Leyendas aparte, lo que es seguro es que quien visita Calatañazor pierde la noción del tiempo: sus apenas cuatro calles conservan como pocas en España el aspecto de un pueblo castellano medieval.

Una villa de cine (literalmente)

Todo el conjunto se recorre en un paseo corto pero intenso. La calle Real, empedrada y en cuesta, está flanqueada por casas de adobe y entramado de madera de sabina, con soportales torcidos y las características chimeneas cónicas pinariegas asomando sobre los tejados. No es casualidad que Orson Welles rodara aquí escenas de Campanadas a medianoche: el decorado medieval es auténtico de principio a fin.

En lo alto te esperan la iglesia de Nuestra Señora del Castillo, con portada románica, el rollo de justicia y las ruinas del castillo, desde cuyas torres desmochadas se domina el valle de la Sangre, llamado así, cuenta la leyenda, por la batalla contra Almanzor. El atardecer desde aquí, con los campos dorados a tus pies, es uno de los grandes momentos de la escapada.

La Fuentona y el sabinar, naturaleza de otro planeta

A un paso del pueblo tienes dos espacios naturales protegidos que justifican por sí solos el viaje. La Fuentona de Muriel es un manantial de aguas turquesas conocido como el «ojo de mar», nacimiento del río Abión, al que se llega por un sendero fácil y precioso. Muy cerca, el sabinar de Calatañazor reúne algunas de las sabinas albares más monumentales de la península, árboles centenarios de porte casi africano.

Ambas rutas son sencillas, pero el terreno es irregular y en el entorno de la Fuentona las piedras resbalan cuando están húmedas, así que unas botas de senderismo impermeables son la mejor elección en cualquier época del año.

Sabores de tierra alta

Estás en Soria, y eso significa torreznos crujientes, asados de cordero y, en temporada, la despensa micológica de los pinares: boletus, níscalos y setas de cardo protagonizan las cartas en otoño. Para el postre, los dulces de mantequilla sorianos. Ten en cuenta que el pueblo es diminuto y la oferta limitada: en puentes y fines de semana conviene atar la mesa con antelación.

Datos prácticos

  • Cómo llegar: Calatañazor está junto a la N-122, a unos 30 kilómetros de Soria capital en dirección a El Burgo de Osma. Se deja el coche a la entrada y todo se hace a pie.
  • Cuándo ir: el otoño tiñe de ocres el sabinar y llena los montes de setas; el invierno, con niebla o escarcha, tiene una atmósfera casi fantasmal que enamora a los fotógrafos. Eso sí, aquí el termómetro baja de verdad: un termo de café para viaje en la mochila se agradece hasta en primavera.
  • Cuánto tiempo: medio día para el pueblo y otro medio para La Fuentona y el sabinar; redondea el fin de semana con El Burgo de Osma y su catedral.

Calatañazor es pequeño, sí, pero de los que dejan huella grande. Ven en busca del tambor de Almanzor y te llevarás uno de los pueblos más auténticos de Castilla.

Foto: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons