Hay carreteras que son un destino en sí mismas, y la de los Siete Lagos es una de ellas: poco más de cien kilómetros de asfalto serpenteando entre lagos azules, bosques de arrayanes y montañas nevadas. Su base perfecta es San Carlos de Bariloche, la ciudad alpina argentina del chocolate y las vistas infinitas sobre el lago Nahuel Huapi.
Bariloche, base de operaciones
A orillas del inmenso lago Nahuel Huapi y dentro del parque nacional más antiguo de Argentina, Bariloche mezcla arquitectura de piedra y madera de aire centroeuropeo con espíritu montañero. Su centro cívico, con vistas al lago, es el punto de partida; a partir de ahí, todo gira en torno a la naturaleza. La ciudad es también capital nacional del chocolate: la avenida Mitre encadena chocolaterías históricas donde caer en la tentación del submarino, un vaso de leche caliente en el que se funde una barra de chocolate.
Circuito Chico y miradores imprescindibles
El Circuito Chico es el clásico de medio día: una vuelta panorámica de unos 60 kilómetros que bordea los lagos Nahuel Huapi y Moreno, pasa por bahía López y el puente de la angostura y regala postales en cada curva. Súbete al cerro Campanario, en telesilla o caminando media hora, para entender por qué su panorámica de lagos, penínsulas e islas aparece en todas las listas de mejores vistas del mundo. Los más andarines tienen el cerro Llao Llao y la senda de los arrayanes; en invierno, el cerro Catedral se convierte en uno de los mayores centros de esquí de Sudamérica.
La ruta de los Siete Lagos
El gran plan es recorrer la mítica ruta 40 entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes, mejor con coche propio para parar en cada mirador. Estos son los siete oficiales, aunque el camino esconde alguno más:
- Lago Correntoso, unido al Nahuel Huapi por uno de los ríos más cortos del mundo.
- Lago Espejo, que hace honor a su nombre en las mañanas sin viento.
- Lago Escondido, un destello esmeralda entre el bosque.
- Lago Villarino, con playa y picnic con vistas.
- Lago Falkner, favorito de los campistas.
- Lago Machónico, con su mirador sobre la ruta.
- Lago Lácar, ya en San Martín de los Andes, ideal para el atardecer.
Hazla sin prisa, en el día o durmiendo en San Martín de los Andes, y desvíate a villa Traful si te sobra tiempo: su mirador sobre el lago es de los que cuesta abandonar.
Sabores patagónicos de montaña
Además del chocolate, la zona presume de trucha, ciervo y cordero, cervezas artesanales con lúpulos del valle y frutos rojos en mermeladas y postres. Un curanto en la cercana colonia suiza, cocinado bajo tierra con piedras calientes, es la experiencia gastronómica más singular de la comarca.
Cuándo ir y qué meter en la maleta
El verano austral (diciembre-marzo) es ideal para la ruta, con días largos y lagos aptos para valientes del agua fría; el otoño incendia los bosques de rojos y ocres; el invierno es temporada de nieve y esquí. A orillas de estos lagos el viento sopla fresco incluso en enero, así que lleva siempre un forro polar en el coche y, si viajas entre mayo y octubre, suma gorro y guantes sin dudarlo. Para las caminatas por los cerros, una mochila de trekking con agua, cortavientos y algo dulce de esas chocolaterías es el equipo perfecto.
Lagos que cambian de azul con la luz, bosques de cuento y chocolate caliente al final del día: Bariloche y los Siete Lagos son la escapada andina redonda. Arranca el coche y déjate llevar.