Hay países pequeños que parecen diseñados para recorrerlos en coche, y Eslovenia es el ejemplo perfecto: en apenas dos horas pasas de un lago alpino con una isla en el centro a un valle donde el agua tiene un color turquesa que cuesta creer. Te proponemos una ruta por los Alpes Julianos, entre Bled, Bohinj y el valle del Soča, que en estas semanas de final de verano está en su mejor momento: menos gente, bosques empezando a virar al dorado y tardes todavía largas.
Bled, el arranque de postal
Bled es la imagen que todo el mundo asocia a Eslovenia y, aun sabiéndolo, impresiona. El lago, de origen glaciar, guarda en el centro una isla diminuta con la iglesia de la Asunción, a la que se llega en pletna, las barcas tradicionales que rema un barquero de pie. Arriba esperan 99 escalones y la campana de los deseos, que todo el mundo acaba tocando.
No te quedes solo con la foto. Estas son las tres cosas que más disfrutarás:
- Dar la vuelta al lago a pie: unos 6 kilómetros llanos, mejor a primera hora, cuando la niebla se levanta del agua.
- Subir al castillo, encaramado a un risco, para entender la geografía del valle de un vistazo.
- Probar la kremšnita, el milhojas de crema y nata que nació aquí y que se sirve en cuadrados perfectos.
A pocos kilómetros está la garganta de Vintgar, un desfiladero recorrido por pasarelas de madera clavadas en la roca sobre el río Radovna. Las tablas suelen estar húmedas y resbalan, así que aquí agradecerás unas botas de trekking impermeables con buena suela en lugar de zapatillas de ciudad.
Bohinj, el lago que nadie fotografía tanto
A media hora de Bled, dentro ya del Parque Nacional del Triglav, aparece el lago de Bohinj: el mayor lago natural del país y, para muchos viajeros, el más bonito. Aquí no hay isla ni castillo, pero sí montañas cayendo a plomo sobre el agua, un puente de piedra con la iglesia de San Juan Bautista al lado y un ambiente mucho más tranquilo.
Desde el extremo oeste sale el sendero a la cascada Savica, una de las fuentes del río Sava, con un tramo final de escalones entre hayedos. Y si quieres vistas de verdad, el teleférico de Vogel te deja en una meseta a más de 1.500 metros desde la que se ve el Triglav, el techo de Eslovenia con sus 2.864 metros y símbolo nacional.
El paso de Vršič: 50 curvas hacia el otro lado
La carretera que une Kranjska Gora con el valle del Soča es una de las más divertidas de los Alpes. Cruza el paso de Vršič mediante 50 curvas numeradas, varias de ellas adoquinadas, y por el camino se pasa junto a la capilla rusa, levantada por prisioneros de guerra en memoria de los compañeros muertos en una avalancha.
Conviene ir sin prisa, parar en los miradores y llevar el depósito lleno. En septiembre el puerto está abierto sin problema, pero arriba refresca de golpe: un chubasquero ligero plegable en la mochila resuelve los chaparrones de montaña, que llegan y se van en media hora.
El valle del Soča, agua turquesa e historia
Al otro lado del puerto empieza lo mejor del viaje. El río Soča baja con un color entre esmeralda y turquesa que no es un filtro: se debe a las partículas calizas en suspensión. Puntos imprescindibles del valle:
- Bovec, capital de las actividades de aventura: rafting, kayak, barranquismo y parapente. El agua está fría incluso al final del verano, así que las salidas se hacen con neopreno.
- La garganta del Soča (Velika korita), un cañón estrecho que se cruza por puentes colgantes.
- La cascada Kozjak, escondida en una cueva de roca a la que llega un caminito corto y muy fotogénico.
- Kobarid, pueblo tranquilo con un excelente museo dedicado al frente del Isonzo de la Primera Guerra Mundial y una ruta histórica por trincheras y posiciones.
Qué comer por el camino
La cocina eslovena mezcla influencias alpinas, italianas y balcánicas. Busca la trucha marmorata del Soča, los štruklji (rollos de masa rellenos, salados o dulces), la jota (potaje de alubias y chucrut), el queso tolminc de las granjas del valle y, de postre, la potica, un bizcocho enrollado con nueces. En Kobarid y alrededores encontrarás además cocina de autor a precios muy razonables comparados con los Alpes italianos o austriacos.
Consejos prácticos
- Cómo llegar: vuelo a Liubliana y coche de alquiler; Bled queda a poco más de media hora del aeropuerto. También se puede volar a Trieste o Venecia y entrar por el valle del Soča.
- Cuándo ir: el final del verano y el principio del otoño son ideales; los lagos aún se pueden bañar y los bosques empiezan a cambiar de color.
- Duración: cinco o seis días bastan para hacer la ruta sin agobios.
- Equipaje: capas de ropa, bañador para los lagos y una mochila de senderismo de 30 litros para las jornadas de caminata.
- Documentación: Eslovenia usa el euro y pertenece a la UE, así que el viaje es tan sencillo como moverse por España. Una guía de viaje de Eslovenia te ayudará a hilar los pueblos pequeños que no aparecen en los circuitos.
Pocos lugares condensan tanto paisaje en tan pocos kilómetros. Si te apetece una escapada alpina sin las multitudes ni los precios de otros destinos de montaña, los Alpes Julianos te esperan con el agua más turquesa de Europa.